graves daños a nuestras propias tropas. En este sentido, es ilustrativo el citado
testimonio del Gral. Vladimir López Trigoso quien consigna que, por falta del
equipamiento adecuado se cometían graves errores, como el grave suceso de la
noche del 5 de febrero de 1995, en que nuestra Fuerza Aérea bombardeó Base Sur,
dónde estaban nuestras tropas y causaron 6 muertos.
Se ha podido establecer en el transcurso de las investigaciones realizadas que se
cometieron en el período más grave del Conflicto con el Ecuador comprendido entre
1994 y 1998; una serie de irregularidades en las operaciones de adquisición de
armamento, equipamiento y servicios para nuestras Fuerzas Armadas, justamente,
por quienes eran responsables de garantizar la Defensa y la Seguridad Nacional;
quienes obtuvieron ingresos ilícitos con recursos públicos destinados a garantizar la
capacidad operativa de nuestros institutos armados en plena época de guerra.
En 1994, las fuerzas armadas peruanas tenían muy disminuida su capacidad
operativa. La FAP tenía sólo el 30.6% de operatividad de sus aeronaves de combate
y una defensa aérea completamente disminuida en sus capacidades técnico
operativas.
Es en estas condiciones que se tuvo que enfrentar el conflicto de 1995 en el Alto
Cenepa. En la coyuntura de 1995 a 1998, se acentúa la necesidad de incrementar la
capacidad operativa de la Fuerza Aérea, como uno de los componentes centrales de
la estrategia disuasiva de seguridad nacional integrada a una política para alcanzar
la paz con el Ecuador, dentro del marco del Protocolo de Río de Janeiro.
Las negociaciones diplomáticas como complemento al proceso de separación de
fuerzas militares; nos obligaba a reforzar la capacidad integral de las FFAA, para
fortalecer nuestra capacidad negociadora en el campo diplomático y para afrontar
con éxito la eventualidad de una guerra.
En 1995 la FAP carecía de aviones de combate equipados para una guerra
moderna. La alta tecnología adquirida por el Ecuador para la guerra electrónica,
determinó que en el conflicto armado del año 1995, el Ecuador derribara dos (2)
aviones SU-22, un (01) avión Camberra, un (01) avión A-37 y un (01) helicóptero MI25 de la Fuerza Aérea Peruana y tres (03) helicópteros MI-17 del Ejército Peruano,
en tanto que el Perú no logró derribar ninguna aeronave ecuatoriana. Los aviones
Mirage 2000 que participaron en el conflicto, no tenían armamento aire/aire, así
como tampoco tenían autoprotección de guerra electrónica.
Ante la eventualidad de un conflicto armado, el Perú aprobó una hipótesis de guerra
defensiva - ofensiva, lo
que significaba que el país no adoptaría la iniciativa de
entrar a territorio ajeno, pero que ante la eventualidad de una invasión se defendería
interceptando los aviones enemigos y contraatacando para resolver
estratégicamente el conflicto. Tener la capacidad, el potencial de fuerza para llevar
a cabo esta estrategia defensiva - ofensiva, es lo que sustentaría su carácter
disuasivo.
Desde esta perspectiva, el balance de lo ocurrido con los gastos en el sector
Defensa es crucial para el país, no sólo por que se usó los fondos de la
8